sábado, 30 de septiembre de 2017

Echenoz: "Todo lo que aprendí del cine como espectador moldeó mi manera de escribir"

El escritor francés ha mostrado con su literatura una gran versatilidad en cuanto al abordaje de géneros y estilos.

Por Claudia Lorenzón

El francés Jean Echenoz (Orange, 1948) vuelve con "Enviada especial" a la sátira con una suerte de novela policial situada en parte en Corea del Norte, hasta adonde llegará una mujer que fue secuestrada por dos militares para infiltrarla y desestabilizar ese país "casi impensable, casi inverosímil, real y a la vez intrigante", según palabras del autor.

El escritor, que ha demostrado con su literatura una gran versatilidad en cuanto al abordaje de géneros y estilos, construye en esta novela de espías una trama compleja presentada en diferentes capítulos, con diálogos ágiles y un narrador mordaz que se acerca todo el tiempo al lector, buscando su complicidad o guiándolo en las disparatadas peripecias de sus personajes.

"Estaba buscando un país lejano en el cual pudiera incluirse una historia de espionaje. Había varios países posibles pero Corea del Norte me interesaba desde hacía varios años, porque es un país casi impensable, casi inverosímil y real, y con el cual hay que vivir", explicó en diálogo con Télam.

jueves, 7 de septiembre de 2017

La hoja en blanco



La hoja en blanco es la más cabal representación del espacio infinito, un abismo pavoroso que embravece los remolinos del pensamiento y provoca tanto vértigo como la pantalla en blanco.

Las herramientas han cambiado, pero los desafíos son los mismos: la pantalla de la computadora o la hoja de papel, virginales,  ingenuas y permisivas, proponen al periodista una relación íntima, semejante a la que inclina al pintor sobre la tela, al escultor sobre el bloque de mármol,  o al músico sobre la partitura...

Muchas veces, el periodista alcanza peligrosos picos de estrés cuando enfrenta la hoja en blanco, porque sobre los más diversos temas, debe trazar con palabras la fotografía de la realidad…

martes, 29 de agosto de 2017

EL DEVORADOR DE LIBROS

 La historia de un joven de 18 años aficionado a la lectura ha llamado la atención de los vivientes de San Pablo, Brasil. Su hermana dice que se encierra en su cuarto a leer.


Flavio Fernando de Oliveira es el nombre del protagonista de esta historia. Tiene 18 años y es un aficionado a la lectura. En su natal Itápolis, un municipio pequeño del estado de San Pablo, se venían dando situaciones un tanto raras y complejas. En sus bibliotecas había una desaparición de los libros. Literalmente, iban desapareciendo uno a uno de los estantes.
El encargado de la sala de libros de Itápolis decidió colocar cámaras de vigilancia para descubrir el misterio y fue así como descubrieron a Flavio.
El muchacho se llevaba decenas de ejemplares y tomos en cada visita que realizaba a la biblioteca. Sacaba un par de forma correcta y el resto los escondía en su mochila, publica el País de España.
Cuando los agentes de la Policía lo identificaron y llegaron a su casa para conocer más del caso, se encontraron con una vivienda modesta y con algo peculiar. En la habitación del joven había una montaña de libros; había de todas las asignaturas, matemáticas, física, anatomía, geografía, pero también habían novelas, cuentos, poesía, etc.
En total eran 384 ejemplares robados, ordenados y esmeradamente cuidados. Su hermana, María de Oliveira, le contó al diario Estadão que “Desde pequeño (su hermano), pasaba horas encerrado en su cuarto pasando páginas; Hoy es muy ecléctico, lee de todo. Yo siempre le veo leyendo. Es mejor que estar todo el día en la calle, haciendo Dios sabe qué”.
Sin embargo esta explicación no dejó satisfecho al delegado de la policía Daniel do Prado Gonçalves que decidió imputarlo por hurto simple por lo que ahora será un juez el que determine su situación jurídica.
Los cerros de libros desaparecieron del cuarto del joven ya que la Policía decidió confiscarlos para devolverlos a la biblioteca dejando al joven sin nada que leer.
Pero lo impensado ocurrió después, cuando el caso se fue conociendo en los medio de comunicación. “Hay una romería de personas que van hasta mi casa con libros nuevos para regalárselos a mi hermano”, decía asombrada Lucía que se mostraba agradecida con sus vecinos y con las personas que sin conocerlo, apoyaban la dedicación de Flavio para la lectura

lunes, 13 de febrero de 2017

La tinta y el papel vs WhatsApp



Para muchos el amor puede expresarse de diferentes maneras e incluso cuenta con una infinidad de lenguajes para comunicar la intensidad del afecto. Pese a esto, existe gente que sigue apostando por la intimidad de la tinta y el papel, mientras otros se adaptan al avance tecnológico y a la practicidad del WhatsApp.
En otras épocas la distancia y la inexistencia de Internet obligaban a los románticos a recurrir a métodos "más creativos" para dar a conocer sus sentimientos a quien fuera motivo de desvelo y un sinfín de emociones.
Una de las técnicas más utilizadas para crear un contacto constante con la otra persona era el envío de cartas; el desafío era impregnar en líneas escritas con tinta el amor y el deseo, por medio del arte de la descripción.
 Décadas atrás, por cuestiones de distancia, el amor para muchas mujeres se hacía presente en forma de letras, en el pulso con el cual se dibujaba a cada integrante del abecedario y la interesante manera del relato del afecto que sentía el hombre, al que conocía más que nada de manera escrita, y la única forma que tenía para comunicarse con él y lograr que la pasión no termine era por medio de la tinta y el papel.
Que mujer no recuerda que cada vez que el cartero ingresaba al barrio su ansiedad crecía sin explicaciones, su corazón palpitaba con mayor rapidez y su deseo de saber qué le contaría esta vez su amado se mostraba de manera desbordante.
"Cuando veía al cartero, para mí, era lo máximo. Mi corazón latía más fuerte cuando él tocaba el timbre de mi casa y con un gesto afirmativo me hacía saber que una carta me había llegado. Al leer el escrito no podía evitar temblar; le sentía a mi lado, sentía su piel, su olor, su calor y hasta sus besos. Me imaginaba que hacíamos todo lo que describía en la carta", relataba una coqueta mujer de unos 60 años, reunida en un café con sus amigas, mientras yo, accidentalmente, escuchaba desde otra mesa.
Aún recordaba a sus distintos amores en cada carta que guardaba dentro de un pequeño baúl de recuerdos y cuando tenía ganas de escapar de la realidad, abría el cofre y se nutría de aquellos recuerdos que la trasladan a otras épocas y situaciones, comentaba a sus amigas.
"Es diferente escribir un 'te amo' en un papel en donde esa frase no se va a borrar, que decir 'te amo' por WhatsApp; incluso muchos ya no dicen esto y solo envían un emoticón. Lo siento muy frío. Una carta podes volver a leer y vivir todo de nuevo", detalló la mujer.
“En la actualidad el romance fue perdiendo su forma e incluso ya no se observa que un hombre actúe como un galán o simplemente escriba una pequeña esquela invitando a su amada a almorzar. Ya no hay hombres que te abran la puerta del auto o que te tomen de la mano para bajar una escalera. Los hombres de antes eran mucho más románticos”, describía la mujer, mientras acompañaba sus observaciones con distintos gestos.
La comunicación hoy en día es más rápida pero fría y el romance se tornó un asunto difícil de encontrar.
La tecnología de alguna manera mató al romanticismo y un 'te quiero' fue reemplazado por emoticones. Es como que ahora se muestra todo tan sobrecargado que se perdió hasta la simpleza de observar los detalles.
Para muchos el amor se basa en regalos que son entregados en fechas "especiales", sin embargo, para otros el afecto se nutre de los momentos diarios y de los escapes que logran ahuyentar a la rutina.
Los tiempos cambiaron y la tecnología muestra sus avances, pero el amor es más que una linda foto para redes sociales, aunque, a fin de cuentas, todas las maneras de demostrar cariño son válidas.


Ernesto Martinchuk

viernes, 6 de enero de 2017

Todo pasa...


Los recuerdos se mezclan entre sueños y esperanzas. Me doy cuenta que los años han pasado. El recuerdo se encarga de repasar cada escena mientras reviso los distintos papeles, recibos de sueldos, credenciales, lectura de una que otra nota, tarjetas o simplemente, cuando camino aquellas mismas calles, donde todo comenzó.

En cada una de ellas surgen los fantasmas de nuestros pensamientos y pasamos de una escena a otra, de una vida a otra donde el todo se confunde con el presente y el dolor muchas veces me penetra el alma.

El dolor y la alegría se funden en una sola cosa y cuando miro el reloj, me doy cuenta de que sólo quedan ya, minutos para la eternidad.

Las palabras del mundo antiguo pasan por uno dando señales, mientras los fantasmas, junto al grito del viento, van penetrando en la carne.

Caminamos por este mundo, dando vueltas y buscando explicaciones y no recapacitamos en que en la simpleza de la naturaleza aparecen escritas todas las cosas. Todo pasa...

Cada hombre es importante y cada niño representa una historia por ser, que muchas veces ha sido dejada de lado, olvidada, sin comprender, en nuestro alocado vivir, que necesitaba más espacio, más libertad de expresión, más comprensión.

Todos somos marionetas de Dios, del diablo o del destino. Nada es absoluto, ni eterno y la muerte esta constantemente agazapada ante nuestros ojos. Pero cuando cada cosa se vive intensamente, no existe la muerte.

Cada acción es como si fuera la última y en ella también nuestro mundo en un pasado que nunca cesa y en un futuro que nunca empieza, viviendo un presente que parece nunca acabar.


Existen personas que como semillas son transportadas por el viento. No pertenecen a su tierra, como tampoco pertenece su lealtad. Tanto el clima de su cuerpo como el de su alma son otro.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Los años...



"Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos.

Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje. Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad.

Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo. “Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso. Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: -a aprender a amar -a dejar huella -a ser felices.

En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:

-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental.

Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros...

-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.

-El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores.

Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. Querernos. Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares...trabajo...

Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual. Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias.

Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino que con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.

Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican.

Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro".

domingo, 11 de diciembre de 2016

LOS 8 LIBROS MÁS DIFÍCILES DE ESCRIBIR EN LA HISTORIA DE LA LITERATURA

El reto de un escritor no siempre radica en la temática de su obra, pues las circunstancias bajo las que crea su libro  afectan su creatividad y fluidez literaria. Juzgar a simple vista si el trabajo de un autor fue complicado o no sería una acción burda. Por ejemplo, muchos aseguran que el libro más difícil de realizar fue el de Marcel Proust, pues su novela “En busca del tiempo perdido” es considerada como la más larga de la historia, y según algunos historiadores, el autor comenzó escribiendo el primer y último capítulo.
Otro de los títulos que los lectores consideran complejo tanto de crear como de leer es “Ser y tiempo”, obra magna de Martin Heidegger. A este autor se le adjudica el texto más laberíntico de la filosofía. De hecho, existe un libro y varios ensayos que prometen servir como una guía para desentrañar la jerga con la que Heidegger redactó este debate sobre el pensamiento. Otros consideran que la obra más complicada de novelar fue la pieza de León Tolstói “Guerra y paz”, ya que esta historia sobre la invasión napoleónica de Rusia cuenta con 600 personajes a los que el autor les dio nombre y personalidad.
Imaginar escribir algo de tantas páginas, personajes o capítulos resulta agobiante, no obstante, éstos no han sido los libros más difíciles de escribir en la historia de la literatura. Los autores que más padecieron para terminar sus obras fueron quienes se enfrentaron a las peores circunstancias mientras intentaban concluir la páginas de sus ejemplares. La enfermedad, obsesión, premura, locura y otras razones fueron las que convirtieron el proyecto literario de algunos escritores en la peor pesadilla de su vida.
8. “The President’s Mystery Story” (1935) – Franklin D. Roosevelt
Muchos presidentes norteamericanos han escrito libros, pero sólo Roosevelt se dedicó a crear una novela de misterio. En la Casa Blanca durante 1935 el presidente comenzó a contarle su historia al autor Fulton Oursler, quien le ayudó a desarrollar y editar su historia. El argumento de Roosevelt giraba en torno a un hombre llamado Jim Blake, quien tenía un trabajo aburrido y 5 millones de dólares con los que soñaba escapar. Desafortunadamente su argumento no tenía sentido alguno, pues ni él mismo supo explicar cómo es que el personaje principal había conseguido tal fortuna.
Para solucionar el problema se convocó un comité de cinco escritores secretos que le ayudarían a resolver el argumento y el resto de la historia al presidente. Así que entre varios hombres se discutió la historia de Jim Blake hasta encontrarle pies y cabeza a la novela. Finalmente ésta se publicó en una revista y se convirtió en una película en 1936.
7. “Baby Shoes” – Ernest Hemingway’s
Más que una obra de la literatura, ésta es una anécdota que muchos califican como absurda. Según la leyenda, durante el almuerzo de la Mesa redonda de Algonquín, Ernest Hemingway apostó que podía crear un cuento completo, con inicio, desarrollo y final, con tan sólo seis palabras. Nadie creyó en lo que él aseguraba, así que todos comenzaron a apostar 10 dólares a que no podría lograrlo. Finalmente él tomó una pluma y escribió algo en una servilleta, pasó el papel por todos los comensales y ellos aceptaron su victoria.
“En venta: zapatos de bebé, nunca usados”. Ésa fue la historia que a Hemingway le costó más trabajo redactar en tan poco tiempo y con el mínimo vocabulario.
6. “Finnegans Wake” (1939) – James Joyce
Este autor terminó su novela después de 17 años, justo dos antes de su muerte en 1941. Lo más sorprendente es que durante ese periodo Joyce había perdido gran parte de su visión, por lo que le pidió ayuda a su amigo Samuel Beckett, a quien propuso dictarle su propia obra. Esa situación generó varios problemas al redactar su último ejemplar, pues cualquier cosa que Joyce dijera, tuviera que ver o no con el libro, Beckett lo anotaba pensando que era parte de la historia. Después de numerosas sesiones de corrección y edición “Finnegans Wake” fue terminada y hoy es considerada la mejor pieza de James.
5. “The Young Visiters” (1919) – Daisy Ashford
La novela sobre la sociedad victoriana de Ashford es considerada un clásico de la literatura, además de la base de muchas obras teatrales y una película. Pensar en la dificultad que la autora tuvo para crear el libro es inimaginable, pues ella tenía tan sólo 9 años cuando se dispuso a redactar este título.
4. “Washington Crossing The Delaware” (1936) – David Schulman
Schulman fue un prolífico escritor que contribuyó al mundo de la literatura con su habilidad para crear obras de arte a partir de las palabras. Su célebre poema de 14 líneas sobre Washington no fue la excepción, pues en cada una de sus rimas él incluyó un anagrama que cuenta la misma historia que el verso completo.
A hard, howling, tossing water scene.
Strong tide was washing hero clean.
“How cold!” Weather stings as in anger.
O Silent night shows war ace danger!
3. “Transcendence-Perfection” (1975) – Sri Chinmoy
Antes de su muerte en el 2007, Chinmoy escribió más de mil libros, 20 mil canciones y 115 mil poemas, pero eso no fue lo más impresionante de su carrera literaria. Lo que nadie comprende es cómo pudo redactar 843 poemas en 24 horas para terminar su obra, la cual no sólo fue compleja, sino la más rápida de la historia.
2. “The Diving Bell And The Butterfly” (1997) – Jean-Dominique Bauby
El editor de la revista “Elle” en su edición francesa sufrió de un accidente en el 95 que lo dejó en estado de coma. Cuando Bauby recuperó la consciencia su cuerpo entero quedó paralizado a excepción de su ojo izquierdo, pero eso no detuvo al escritor. Usando su mente lúcida y un sólo ojo, éll comenzó a trabajar en “The Diving Bell And The Butterly”. Durante las noches redactaba y editaba en su mente, esperando memorizar cada palabra para a la mañana siguiente verse con el editor, quien le deletreaba el abecedario completo cientos de veces para ir formando las palabras de su novela; misma que se convirtió en un bestseller en toda Europa.
1. “Gadsby” (1939) – Ernest Vincent Wright
En este caso, el mismo autor fue quien se propuso convertir a su libro en una de las obras más complejas de la historia. Wright decidió que la letra “E” jamás aparecería en su texto, por lo que tendría que hacer uso de un vocabulario excepcional para reemplazar cualquier palabra en la que apareciera esta vocal, por otra en la que no se utilizara.