martes, 28 de noviembre de 2017

Literatura argentina en 64 casillas:



El ajedrez de Cortázar, Borges, Walsh, Martínez Estrada y Castillo

“Movimientos en blanco y negro. Historia, literatura y arte del ajedrez argentino” se exhibe en el Museo del libro y de la lengua y recorre la historia del ajedrez en nuestro país, junto a sus transformaciones y derivaciones culturales
Un tablero, treinta y dos piezas, dos oponentes. El ajedrez no es un juego de azar, sino un juego racional. Cada estratega decidirá el movimiento de sus piezas en cada turno. Su desarrollo es tan complejo que ni siquiera los mejores jugadores pueden llegar a considerar todas las posibles combinaciones.

Dijo el escritor estadounidense David Shenk: “Pensemos en un virus tan avanzado que infectara no sólo la sangre, sino también los pensamientos de su huésped, un ser humano. Se salvan de la infección el hígado y el bazo; en cambio, el virus se infiltra en los lóbulos frontales del cerebro y se apodera de las funciones cognitivas básicas, como la capacidad de resolución de problemas, el razonamiento abstracto, las funciones motrices especializadas y, lo que resulta más llamativo aún, la capacidad de hacer planes. El virus dirige los pensamientos, las acciones e incluso los sueños. Este virus se propone dominar no sólo el cuerpo, sino también la mente”. Ese “virus” se llama ajedrez. Se extiende a personas, al arte, la literatura y ahora también a internet, donde se generan encuentros virtuales para jugarlo.

Sobre las ruinas fue una obra de teatro escrita por Roberto Payró en 1904 y, la primera ficción argentina que incluye al ajedrez en la historia. Lo seguirá Leopoldo Lugones seis años más tarde, con el cuento Abuela Julieta (Lunario sentimental), iniciando así, la significativa presencia del ajedrez en nuestra literatura.

Continuará con la confirmación de la relevancia social y cultural de este juego de mesa, con Roberto Arlt y sus Aguafuertes porteñas. Julio Cortázar lo ve como un reflejo de la vida y lo incluyó en su obra más fundamental: Rayuela, mientras Ernesto Sábato consideraba que los pensamientos pueden ser vistos como “variantes ajedrecísticas”.

La poesía también se hizo eco de este deporte en poemas de Arturo Capdevila, Alejandra Pizarnik y Alberto Laiseca, cuyo título es el nombre del propio juego.

Sin embargo, son cuatro los escritores que se destacan por dar un lugar privilegiado al ajedrez en sus obras. Jorge luis Borges concibió una cosmogonía propia en la que lo colocó a la par de sus laberintos y espejos, mencionándolo en poemas, cuentos, ensayos y conferencias; Ezequiel Martínez Estrada lo citó en poesías, cuentos y en su ensayo La cabeza de Goliat; Rodolfo Walsh era un asiduo practicante en bares y cafés e incluyó el tema en cuentos policiales, en su obra teatral y en Operación masacre; Abelardo Castillo, otro gran jugador, lo estudió técnicamente y también en la complejidad de su origen en el libro Las palabras y los días.

El ajedrez es una pasión que atraviesa idiomas y fronteras, con la magia de un lenguaje único que une a Latinoamérica y el mundo, a las personas que lo practican y a quienes se fascinan por estas batallas sobre tableros. Dijo el maestro ajedrecista ruso, Anatoly Karpov: “El ajedrez lo es todo: arte, ciencia y deporte”.

A continuación, algunos extractos literarios destacados sobre el juego cuyo origen se sospecha asiático:

“En los Mabinogion, dos reyes juegan al ajedrez en lo alto de un cerro, mientras abajo sus guerreros combaten. Uno de los reyes gana el partido, un jinete llega con la noticia de que el ejercito del otro ha sido vencido. La batalla de hombres era el reflejo de la batalla del tablero”. Jorge Luis Borges, Guayaquil (El informe de brodie, 1970)

“Va a cometer un asesinato pero todavía no lo sabe. Es profesor secundario de matemática, está en su propia casa, acaba de llegar del Círculo de Ajedrez y, por el momento, solo le preocupa una cosa en el mundo. Qué pasa si, en el ataque Max Lange, las blancas transponen un movimiento y, en la jugada once, avanzan directamente el peón a 4CR. ¿Adónde va la dama? En efecto, ¿cómo acosar a esa dama e impedir el enroque largo de las piezas negras? Debo decir que nunca resolvió satisfactoriamente ese problema; también debo decir que aquel hombre era yo”. Abelardo Castillo, La cuestión de la dama en Max Lange (Las maquinarias de la noche, 1992)

“Aparte de los grandes maestros, que constituyen siempre excepciones individuales, nuestro medio ajedrecístico es de alta calidad y, sin disputa, lo que representa la óptima excelencia de nuestro pensamiento. No tenemos filósofos, ni escritores, ni hombres de ciencia, ni artistas que puedan ser considerados en paridad con los de los otros países, pero tenemos ajedrecistas que se pueden medir sin desmedro con los mejores del mundo”. Ezequiel Martínez Estrada, La cabeza de Goliat (1940)


“La primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de junio de 1956 me llegó en forma casual, a fines de los seis años, en un café de la plata donde se jugaba al ajedrez, se hablaba más de keres o nimzovich que de aramburu y rojas, y la única maniobra militar que gozaba de algún renombre era el ataque a la bayoneta de schlechter en la apertura siciliana”. Rodolfo Walsh, Prólogo Operación masacre (1957)

jueves, 23 de noviembre de 2017

EL PODER DE LA LECTURA

Presentamos en este artículo el poder de la lectura y 10 puntos para mejorarla.

1-    Lee libros, no sólo blogs, periódicos y revistas
Leer blogs, periódicos y revistas es importante, pero nunca debe tomar el lugar de leer libros. Leer libros te da los siguientes beneficios:
  • Desarrolla tu capacidad de análisis y entendimiento de los problemas
  • Desarrolla tu perspectiva del mundo
  • Aumenta tu capacidad de concentración
  • Desarrolla tu capacidad creativa
2-    Entiende que el momento perfecto probablemente nunca llegue… así que…Lee… así sea un poco cada día
Todos vivimos vidas ocupadas. No esperes el lugar perfecto para leer. Simplemente lee. Ten tu libro siempre contigo. Si estás esperando a alguien, lee. Si estás en el baño, lee. Aprovecha las “pequeñas” pérdidas de tiempo en el día para leer. Es mejor leer 2 páginas al día que no leer por meses porque “no tienes tiempo”.
3-    Lee lo que quieres…
Una de las claves que fue fundamental para desarrollar el amor por la lectura fue cuando uno de mis mentores me dijo: no necesariamente leas lo que la gente te recomienda, lee lo que tú quieres.
Si vas a una librería y un libro te atrapa, cómpralo y léelo. No hay nada más aburrido que leer un libro obligado. Lee lo que te entusiasma.
4-    No te obsesiones por terminar un libro
Este fue uno de los mayores consejos que recibí. No te obsesiones por terminar un libro. Si el autor es bueno, no te podrás despegar. Si el autor es mediocre, perderá a los lectores.
Si un libro no me atrapa en los primeros 2 a 5 capítulos, lo dejo por otro. Es preferible estar constantemente leyendo libros que te entusiasman y te tienen atrapado, que parar de leer por meses porque estás comprometido a terminar un libro en el cual perdiste interés.
5-    Destruye el libro – Ráyalo, subráyalo, anota en el borde, dobla las páginas
Los libros no son para crear una hermosa biblioteca en tu casa con el objetivo de que tus invitados se impresionen de todo lo que leíste y tu sabiduría. No hace falta cuidar los libros como si fueran para coleccionar. Léelos, subráyalos, dóblalos, escribe en ellos.
6-    Lee ficción y no ficción
Yo leo mayormente no ficción. Siempre me han apasionado los libros de liderazgo y crecimiento personal. Pero hace un tiempo aprendí el poder de agregar ficción a mi lectura. La ficción desarrolla tu imaginación y en consecuencia, tu poder creativo.
7-    Lee con otra persona (tu pareja, un amigo o un grupo)
Leer en grupo o con tu pareja o un amigo es genial. En varias ocasiones unos amigos y mi esposa escogíamos un libro, lo leíamos individualmente y luego nos reuníamos una vez a la semana a conversar al respecto.
Ese proceso me permitió aprender nuevas perspectivas sobre el mismo tema, profundizar mi relación y mantenerme motivado a continuar leyendo.
8-    Transmite el mensaje más importante del libro.
La mejor manera de aprender, de internalizar un tema, es enseñando a otros. Cuando leas un libro, un capítulo o inclusive una frase que te impactó, transmítela a otros. Enseña a otros lo que aprendiste. De esa manera no sólo colaborarás con el desarrollo de otros individuos sino que influirás en otros a leer.
9-    Influye en otros a leer
Yo siempre estoy tratando de influir en otros a leer. Estoy convencido de los beneficios. Una de las cosas que hago es que cuando las personas me preguntan sobre algún tema, los dirijo a un libro. Lo hago por lo siguiente:
  • Un buen libro dará una mejor y más completa explicación que yo.
  • Un libro requiere compromiso, y yo quiero saber si la persona está realmente interesada en la respuesta, en crecer y cambiar o sólo pregunta por preguntar.
  • Si logro que esa persona desarrolle pasión por la lectura, sé que ayude a transformar profundamente a ese ser humano.
10-   Pon lo leído en acción:
Podrás leer bibliotecas enteras y presentarte ante el mundo como el gurú de algún tema específico; pero al final, lo importante es cómo la lectura influyó tu vida para bien por medio de la acción. Pon lo leído en acción.

jueves, 26 de octubre de 2017

Diez consejos para escribir de Liliana Heker, la maestra del cuento



Liliana Heker, autora de libros clásicos como "Zona de clivaje" y "Los bordes de lo real" apunta a aspirantes a escritores, con los siguientes consejos


1.- Cómo se forma un escritor.

"Lo único que me motiva a dar talleres es que aquel que quiere escribir y que tiene una visión del mundo y un talento —sea mínimo o enorme— pueda hacer textos que merezcan ser leídos por otros, es decir: que merezcan ser textos literarios. Creo que nadie le puede enseñar a escribir a otro; cada escritor aprende por sí mismo. Pero el taller puede ser una parte de ese aprendizaje. La lectura, la propia reflexión, los errores y lo que uno vive, sin dudas, completan la formación de un escritor".

2.- Unidad de efecto.

"¿Qué caracteriza al buen cuento? Edgar Poe habla en La filosofía de la composición de la 'unidad de efecto'. Cuando uno piensa en la palabra 'efecto', piensa en un baldazo o en luces multicolores al final. Pero no siempre es así. El final puede no ser un acontecimiento extraordinario sino simplemente una frase, pero que cierra el cuento. El cuento tiene esa 'unidad de efecto' cuando produjo el efecto que buscaba. Ahí se terminó".

3.- Pocas herramientas para contar.

"Si transcribiéramos el episodio que alguien nos cuenta y nos atrapa, seguramente no sería tan apasionante. En la escritura hay muchos componentes que no entran, como el contexto, la voz, el tono. Uno no tiene más que palabras y signos de puntuación —¡miren qué poquito!— para decirlo todo. Entonces, eso que vuelve apasionante a la historia de alguna manera tiene que estar sugerido o estar debajo de lo que se cuenta o en el tono o en el lenguaje. Ahí está la destreza o el talento para escribir un cuento".

4.- Rigor.

"Cuando uno lee una novela que le gusta no quiere que termine nunca. Uno convive con la novela, entra y sale, le gustaría que nunca terminase. Pero cuando uno lee un cuento que le fascina, lo que quiere es que nada lo interrumpa porque quiere llegar al final. Esa es la diferencia fundamental entre el cuento y la novela. Por eso, como decía Horacio Quiroga, el cuento es una novela sin ripios. Yo discuto un poco esa definición, creo que la novela tampoco tiene que tener ripios. Pero el cuento exige un rigor extremo: nada puede sobrar, nada puede faltar".

5.- Lector.

"Por ahí, lo que estás escribiendo te evoca un cuento que leíste alguna vez y que contaba algo parecido. Cuando uno es consciente de lo que está buscando no imita. Simplemente desarma el mecanismo y lo recrea. Pero cuando uno no hace eso, se le queda pegada la música del otro. Por ejemplo: Cortázar, maravilloso como era, es un escritor peligroso para el que no es consciente de los mecanismos que tenía. Les puedo decir que, sobre todo en los 60 y principios de los 70, en los concursos literarios la mitad de los cuentos eran cuentos de Cortázar".

6.- Corrección.

"Cuando uno empieza a escribir sabe qué quiere hacer, sabe qué tono usar y qué efecto quiere lograr al final. De ahí a conseguirlo, hay una gran distancia. La primera versión siempre es un mal necesario. Además: ¿por qué a uno le va a salir bien de entrada? No hay que tener miedo a la corrección. En cualquier disciplina artística, corregir es buscar".

7.- Más corrección.

"¿Cuándo se termina un cuento? Nunca. Borges y Abelardo Castillo, por ejemplo, corregían los cuentos de una edición a otra. Uno nunca termina; en algún momento dice 'Hasta acá llegué' y, sin embargo, a los dos años lo vuelve a tocar. La verdad es que un cuento no está nunca terminado. Uno se acerca lo más que puede a eso que quería hacer".

8.- Ansiedad.

"Uno escribe con todo lo que es, con las propias locuras, con las obsesiones; hay gente paciente y hay gente impaciente. Pero creo que la literatura no es para ansiosos. No hay que apurarse. Si uno necesita corregir diez veces un cuento para que sea como quiere, está muy bien, porque ese trabajo es maravilloso. Y tampoco hay que apurarse a publicar. No importa para nada cuánto se tarda en publicar, lo que importa es qué se publica".

9.- Finales.

"Cuando me siento a escribir, sé a dónde voy a ir. Si uno no sabe a dónde va a parar, no se tiene que sentar a escribir porque va a escribir esperando que le caiga un buen final del cielo. Y los buenos finales no suelen caer del cielo. En cambio, si uno sabe a dónde va a ir a parar, puede escribir una primera versión muy mala, pero donde va a haber un esqueleto, una columna vertebral. Pero tiene que tener el final. Yo creo que el final es a priori. Todo cuento tiene un final incorporado: el cuento es el final".

10.- Principios.


"El final suele venir incorporado en el cuento; el principio nunca está dado. ¿Por dónde se empieza la historia? No hay nada determinado. Encontrar el principio es más complejo, pero cuando lo encuentra tiene al cuento. Porque no solo tiene dónde arranca sino que también tiene la voz, el ritmo. El principio marca todo. No es fácil dar con el principio, pero es fundamental. Es la frase que te hace entrar al mundo que querés contar".

martes, 24 de octubre de 2017

Enseñanzas de un escritor

 "Conversación en Princenton" reúne un curso reciente dictado por Mario Vargas Llosa. El libro analiza el método creativo del Nobel peruano a partir de cinco de sus obras. Un apartado plantea el debate acerca de hasta qué punto un novelista debe apegarse a la verdad histórica.

El volumen recopila las clases que Mario Vargas Llosa dictó junto con el profesor Rubén Gallo.
De las dos categorías en las que Borges dividía a los novelistas, aquellos que se interesan por los "procedimientos de la novela" y los que reparan más en "la vida y el destino de sus personajes", Mario Vargas Llosa podría ser ubicado en la primera. Desde siempre ha sido un apasionado de la técnica literaria, que profundizó leyendo a Faulkner con lápiz y papel, y un paladín de la constancia y la escritura metódica, a imagen del heroico Flaubert. Su obra ensayística está sembrada de ideas y opiniones sobre el oficio y al menos uno de sus libros, el entretenido Cartas a un novelista (1997), trata en exclusiva acerca de la sabiduría creativa que acumuló en seis décadas de profesión y docencia universitaria.

El último libro que publicó va en la misma línea. Es la recopilación del curso que impartió en la estadounidense Universidad de Princeton junto con el catedrático Rubén Gallo, a un grupo de alumnos con los que ambos debatieron el proceso de escritura del Premio Nobel de Literatura 2010.
En el volumen, titulado Conversación en Princeton (Alfaguara), se toman cinco obras de Vargas Llosa - la impresionante Conversación en la catedral, junto con Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero?, La fiesta del Chivo y El pez en el agua-, como excusa para debatir la relación entre historia y ficción.

Al presentar la obra en Madrid, Vargas Llosa explicó que, antes de empezar a escribir, hace siempre una gran tarea de investigación, no como un sociólogo ni como un historiador, "sino para poder mentir con conocimiento de causa".

El Nobel peruano aseguró que a lo largo de los años fue cambiando en su forma de escribir pero confesó que no es consciente "de la naturaleza del cambio".

"Borges dijo que cuando uno empieza a escribir le interesa mucho la complejidad y luego descubre que lo importante es la claridad y hay mucho de cierto en esa teoría", recalcó Vargas Llosa, quien en sus últimas novelas (El héroe discreto, Cinco esquinas) eligió estructuras más simples y buscó contar historias llanas, directas.

Por eso, agregó, en su literatura hay ahora más transparencia, y el lenguaje es menos enrevesado y menos barroco que en sus obras de juventud, una época en la que "se tiene la idea falsa de que la oscuridad representa profundidad. ¡Mentira!". Allí el parangón con Borges es exactísimo: el autor de Ficciones hizo el mismo recorrido, del barroquismo inspirado en Quevedo y Lugones a la sencillez más depurada.

Las lecciones de Conversación en Princeton, que está dividido en ocho secciones o ensayos, también desvelan el oficio de Vargas Llosa y sus ideas literarias en relación al periodismo, la política, el espíritu crítico o la libertad de expresión.

El catedrático Rubén Gallo transcribió las horas de grabación de las clases que se impartieron en el segundo semestre de 2015 y en las que además abordaron aspectos de la actualidad como la amenaza del extremismo islámico.

LA POLITICA

Así, el libro incluye un encuentro con Philippe Lancon, periodista de la revista satírica francesa Charlie Hebdo, sobreviviente del atentado terrorista perpetrado en ese mismo año, en el que sus testimonios se alternan con las reflexiones de escritor sobre el terrorismo fundamentalista como el gran desafío a las sociedades democráticas.

En la presentación, Vargas Llosa destacó que, a diferencia lo que le sucedía a él en su juventud, a los escritores jóvenes latinoamericanos no les interesa la política, y abrió el debate respecto de si un escritor que escribe una novela sobre hechos históricos debe respetar la verdad.

Vargas Llosa puso el ejemplo de León Tolstoi, quien en la monumental Guerra y paz "presentó mentiras como verdades que al final han prevalecido sobre las verdades históricas".

"A los escritores jóvenes no les interesa la política. Se ocupan de la literatura como un campo que no debe mezclarse con la política, algo que yo no comparto, están mas cerca de los escritores europeos y americanos. Nosotros teníamos la obligación moral de participar en el debate político", señaló el autor de La guerra del fin del mundo.

A su juicio, la carga política de la literatura es inevitable y cobra especial relevancia bajo los regímenes totalitarios.

El escritor también se mostró muy crítico con las nuevas tecnologías. Considera que "en las redes sociales está la caricatura del lenguaje", un modo de expresarse que le parece "espantoso" y, en última instancia, la negación misma de la literatura.

Vargas Llosa sigue "creyendo que la literatura es fundamental para la formación de una sociedad libre y democrática. Una sociedad con lectores es mucho más difícil de manipular por los poderes".

Si la literatura no sobrevive, advirtió, "la sociedad del futuro no va a ser nada envidiable y ejemplar; puede ser floreciente en tecnologías pero invivible para alguien con sensibilidad y cierta cultura".

"Solo la buena literatura enseña las posibilidades de la lengua, enseña a matizar, a ser preciso, claro y coherente", indicó.

El Nobel de Literatura 2010 acaba de terminar un ensayo, que tiempo atrás había presentado, con cierta ambición, como una historia intelectual del liberalismo, desde Adam Smith en adelante. Ese proyecto, al que reconocía inspirado en el clásico Hacia la estación de Finlandia, de Edmund Wilson, que hizo lo mismo pero con la historia del pensamiento socialista, pareció quedar reducido ahora a una menor dimensión.

En sus palabras, será "algo así como una autobiografía intelectual y política a través de algunos pensadores que me han marcado muchísimo"

miércoles, 18 de octubre de 2017

¿Qué vemos en una foto?



Todos los días miramos muchas fotos. En casa, en la escuela, en la calle, en las revistas, las fotos sirven para enterarnos de cosas, para conocer lugares, para recordar cumpleaños, amigos o vacaciones. También son importantes para darnos cuenta de cómo cambiamos a través del tiempo y para conocer el pasado.

Para aprender cosas del pasado a través de una fotografía no basta con darle una miradita rápida. Hay que observarla con atención, fijarse en los objetos o personas que están en el fondo, tener en cuenta los detalles, comparar lo que observamos con lo que sucede en la actualidad, imaginar qué hacían las personas de la imagen antes y después del instante en el que fueron fotografiadas. Y jamás hay que olvidar que, detrás de la imagen, hubo alguien que decidió captar esa escena de un determinado modo.


  1. El lugar y los objetos de la fotografía
    • Describir el lugar.
    • Indicar qué están haciendo las personas allí.
    • Comentar cómo es el paisaje y el clima. ¿Es verano, invierno, otoño o primavera?
    • Indicar qué otras actividades se pueden hacer en ese lugar.
    • Hacer una lista con las construcciones que se observan (edificios, calles). Anotar también de qué material están hechas, si parecen antiguas o nuevas, etcétera.
    • Hacer una lista con todos los objetos que aparezcan en la foto, aun los más pequeños e insignificantes.
    • Describir los objetos, imaginar para qué se usaban, deducir qué pistas pueden dar sobre la situación, compararlos con objetos actuales.

  2. El fotógrafo
    • Indicar dónde estaba ubicado.
    • Imaginar la razón por la cual habrá tomado esa foto.
Todas estas pautas pueden servir para leer una foto, de modo que nos cuente sobre épocas pasadas y sobre los cambios ocurridos hasta la actualidad. No es necesario contestar todas las preguntas ni realizar todas las consignas. Depende de la fotografía que elijamos.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Echenoz: "Todo lo que aprendí del cine como espectador moldeó mi manera de escribir"

El escritor francés ha mostrado con su literatura una gran versatilidad en cuanto al abordaje de géneros y estilos.

Por Claudia Lorenzón

El francés Jean Echenoz (Orange, 1948) vuelve con "Enviada especial" a la sátira con una suerte de novela policial situada en parte en Corea del Norte, hasta adonde llegará una mujer que fue secuestrada por dos militares para infiltrarla y desestabilizar ese país "casi impensable, casi inverosímil, real y a la vez intrigante", según palabras del autor.

El escritor, que ha demostrado con su literatura una gran versatilidad en cuanto al abordaje de géneros y estilos, construye en esta novela de espías una trama compleja presentada en diferentes capítulos, con diálogos ágiles y un narrador mordaz que se acerca todo el tiempo al lector, buscando su complicidad o guiándolo en las disparatadas peripecias de sus personajes.

"Estaba buscando un país lejano en el cual pudiera incluirse una historia de espionaje. Había varios países posibles pero Corea del Norte me interesaba desde hacía varios años, porque es un país casi impensable, casi inverosímil y real, y con el cual hay que vivir", explicó en diálogo con Télam.

jueves, 7 de septiembre de 2017

La hoja en blanco



La hoja en blanco es la más cabal representación del espacio infinito, un abismo pavoroso que embravece los remolinos del pensamiento y provoca tanto vértigo como la pantalla en blanco.

Las herramientas han cambiado, pero los desafíos son los mismos: la pantalla de la computadora o la hoja de papel, virginales,  ingenuas y permisivas, proponen al periodista una relación íntima, semejante a la que inclina al pintor sobre la tela, al escultor sobre el bloque de mármol,  o al músico sobre la partitura...

Muchas veces, el periodista alcanza peligrosos picos de estrés cuando enfrenta la hoja en blanco, porque sobre los más diversos temas, debe trazar con palabras la fotografía de la realidad…