lunes, 13 de febrero de 2017

La tinta y el papel vs WhatsApp



Para muchos el amor puede expresarse de diferentes maneras e incluso cuenta con una infinidad de lenguajes para comunicar la intensidad del afecto. Pese a esto, existe gente que sigue apostando por la intimidad de la tinta y el papel, mientras otros se adaptan al avance tecnológico y a la practicidad del WhatsApp.
En otras épocas la distancia y la inexistencia de Internet obligaban a los románticos a recurrir a métodos "más creativos" para dar a conocer sus sentimientos a quien fuera motivo de desvelo y un sinfín de emociones.
Una de las técnicas más utilizadas para crear un contacto constante con la otra persona era el envío de cartas; el desafío era impregnar en líneas escritas con tinta el amor y el deseo, por medio del arte de la descripción.
 Décadas atrás, por cuestiones de distancia, el amor para muchas mujeres se hacía presente en forma de letras, en el pulso con el cual se dibujaba a cada integrante del abecedario y la interesante manera del relato del afecto que sentía el hombre, al que conocía más que nada de manera escrita, y la única forma que tenía para comunicarse con él y lograr que la pasión no termine era por medio de la tinta y el papel.
Que mujer no recuerda que cada vez que el cartero ingresaba al barrio su ansiedad crecía sin explicaciones, su corazón palpitaba con mayor rapidez y su deseo de saber qué le contaría esta vez su amado se mostraba de manera desbordante.
"Cuando veía al cartero, para mí, era lo máximo. Mi corazón latía más fuerte cuando él tocaba el timbre de mi casa y con un gesto afirmativo me hacía saber que una carta me había llegado. Al leer el escrito no podía evitar temblar; le sentía a mi lado, sentía su piel, su olor, su calor y hasta sus besos. Me imaginaba que hacíamos todo lo que describía en la carta", relataba una coqueta mujer de unos 60 años, reunida en un café con sus amigas, mientras yo, accidentalmente, escuchaba desde otra mesa.
Aún recordaba a sus distintos amores en cada carta que guardaba dentro de un pequeño baúl de recuerdos y cuando tenía ganas de escapar de la realidad, abría el cofre y se nutría de aquellos recuerdos que la trasladan a otras épocas y situaciones, comentaba a sus amigas.
"Es diferente escribir un 'te amo' en un papel en donde esa frase no se va a borrar, que decir 'te amo' por WhatsApp; incluso muchos ya no dicen esto y solo envían un emoticón. Lo siento muy frío. Una carta podes volver a leer y vivir todo de nuevo", detalló la mujer.
“En la actualidad el romance fue perdiendo su forma e incluso ya no se observa que un hombre actúe como un galán o simplemente escriba una pequeña esquela invitando a su amada a almorzar. Ya no hay hombres que te abran la puerta del auto o que te tomen de la mano para bajar una escalera. Los hombres de antes eran mucho más románticos”, describía la mujer, mientras acompañaba sus observaciones con distintos gestos.
La comunicación hoy en día es más rápida pero fría y el romance se tornó un asunto difícil de encontrar.
La tecnología de alguna manera mató al romanticismo y un 'te quiero' fue reemplazado por emoticones. Es como que ahora se muestra todo tan sobrecargado que se perdió hasta la simpleza de observar los detalles.
Para muchos el amor se basa en regalos que son entregados en fechas "especiales", sin embargo, para otros el afecto se nutre de los momentos diarios y de los escapes que logran ahuyentar a la rutina.
Los tiempos cambiaron y la tecnología muestra sus avances, pero el amor es más que una linda foto para redes sociales, aunque, a fin de cuentas, todas las maneras de demostrar cariño son válidas.


Ernesto Martinchuk

viernes, 6 de enero de 2017

Todo pasa...


Los recuerdos se mezclan entre sueños y esperanzas. Me doy cuenta que los años han pasado. El recuerdo se encarga de repasar cada escena mientras reviso los distintos papeles, recibos de sueldos, credenciales, lectura de una que otra nota, tarjetas o simplemente, cuando camino aquellas mismas calles, donde todo comenzó.

En cada una de ellas surgen los fantasmas de nuestros pensamientos y pasamos de una escena a otra, de una vida a otra donde el todo se confunde con el presente y el dolor muchas veces me penetra el alma.

El dolor y la alegría se funden en una sola cosa y cuando miro el reloj, me doy cuenta de que sólo quedan ya, minutos para la eternidad.

Las palabras del mundo antiguo pasan por uno dando señales, mientras los fantasmas, junto al grito del viento, van penetrando en la carne.

Caminamos por este mundo, dando vueltas y buscando explicaciones y no recapacitamos en que en la simpleza de la naturaleza aparecen escritas todas las cosas. Todo pasa...

Cada hombre es importante y cada niño representa una historia por ser, que muchas veces ha sido dejada de lado, olvidada, sin comprender, en nuestro alocado vivir, que necesitaba más espacio, más libertad de expresión, más comprensión.

Todos somos marionetas de Dios, del diablo o del destino. Nada es absoluto, ni eterno y la muerte esta constantemente agazapada ante nuestros ojos. Pero cuando cada cosa se vive intensamente, no existe la muerte.

Cada acción es como si fuera la última y en ella también nuestro mundo en un pasado que nunca cesa y en un futuro que nunca empieza, viviendo un presente que parece nunca acabar.


Existen personas que como semillas son transportadas por el viento. No pertenecen a su tierra, como tampoco pertenece su lealtad. Tanto el clima de su cuerpo como el de su alma son otro.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Los años...



"Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos.

Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje. Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad.

Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo. “Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso. Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: -a aprender a amar -a dejar huella -a ser felices.

En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:

-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental.

Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros...

-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.

-El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores.

Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. Querernos. Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares...trabajo...

Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual. Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias.

Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino que con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.

Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican.

Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro".

domingo, 11 de diciembre de 2016

LOS 8 LIBROS MÁS DIFÍCILES DE ESCRIBIR EN LA HISTORIA DE LA LITERATURA

El reto de un escritor no siempre radica en la temática de su obra, pues las circunstancias bajo las que crea su libro  afectan su creatividad y fluidez literaria. Juzgar a simple vista si el trabajo de un autor fue complicado o no sería una acción burda. Por ejemplo, muchos aseguran que el libro más difícil de realizar fue el de Marcel Proust, pues su novela “En busca del tiempo perdido” es considerada como la más larga de la historia, y según algunos historiadores, el autor comenzó escribiendo el primer y último capítulo.
Otro de los títulos que los lectores consideran complejo tanto de crear como de leer es “Ser y tiempo”, obra magna de Martin Heidegger. A este autor se le adjudica el texto más laberíntico de la filosofía. De hecho, existe un libro y varios ensayos que prometen servir como una guía para desentrañar la jerga con la que Heidegger redactó este debate sobre el pensamiento. Otros consideran que la obra más complicada de novelar fue la pieza de León Tolstói “Guerra y paz”, ya que esta historia sobre la invasión napoleónica de Rusia cuenta con 600 personajes a los que el autor les dio nombre y personalidad.
Imaginar escribir algo de tantas páginas, personajes o capítulos resulta agobiante, no obstante, éstos no han sido los libros más difíciles de escribir en la historia de la literatura. Los autores que más padecieron para terminar sus obras fueron quienes se enfrentaron a las peores circunstancias mientras intentaban concluir la páginas de sus ejemplares. La enfermedad, obsesión, premura, locura y otras razones fueron las que convirtieron el proyecto literario de algunos escritores en la peor pesadilla de su vida.
8. “The President’s Mystery Story” (1935) – Franklin D. Roosevelt
Muchos presidentes norteamericanos han escrito libros, pero sólo Roosevelt se dedicó a crear una novela de misterio. En la Casa Blanca durante 1935 el presidente comenzó a contarle su historia al autor Fulton Oursler, quien le ayudó a desarrollar y editar su historia. El argumento de Roosevelt giraba en torno a un hombre llamado Jim Blake, quien tenía un trabajo aburrido y 5 millones de dólares con los que soñaba escapar. Desafortunadamente su argumento no tenía sentido alguno, pues ni él mismo supo explicar cómo es que el personaje principal había conseguido tal fortuna.
Para solucionar el problema se convocó un comité de cinco escritores secretos que le ayudarían a resolver el argumento y el resto de la historia al presidente. Así que entre varios hombres se discutió la historia de Jim Blake hasta encontrarle pies y cabeza a la novela. Finalmente ésta se publicó en una revista y se convirtió en una película en 1936.
7. “Baby Shoes” – Ernest Hemingway’s
Más que una obra de la literatura, ésta es una anécdota que muchos califican como absurda. Según la leyenda, durante el almuerzo de la Mesa redonda de Algonquín, Ernest Hemingway apostó que podía crear un cuento completo, con inicio, desarrollo y final, con tan sólo seis palabras. Nadie creyó en lo que él aseguraba, así que todos comenzaron a apostar 10 dólares a que no podría lograrlo. Finalmente él tomó una pluma y escribió algo en una servilleta, pasó el papel por todos los comensales y ellos aceptaron su victoria.
“En venta: zapatos de bebé, nunca usados”. Ésa fue la historia que a Hemingway le costó más trabajo redactar en tan poco tiempo y con el mínimo vocabulario.
6. “Finnegans Wake” (1939) – James Joyce
Este autor terminó su novela después de 17 años, justo dos antes de su muerte en 1941. Lo más sorprendente es que durante ese periodo Joyce había perdido gran parte de su visión, por lo que le pidió ayuda a su amigo Samuel Beckett, a quien propuso dictarle su propia obra. Esa situación generó varios problemas al redactar su último ejemplar, pues cualquier cosa que Joyce dijera, tuviera que ver o no con el libro, Beckett lo anotaba pensando que era parte de la historia. Después de numerosas sesiones de corrección y edición “Finnegans Wake” fue terminada y hoy es considerada la mejor pieza de James.
5. “The Young Visiters” (1919) – Daisy Ashford
La novela sobre la sociedad victoriana de Ashford es considerada un clásico de la literatura, además de la base de muchas obras teatrales y una película. Pensar en la dificultad que la autora tuvo para crear el libro es inimaginable, pues ella tenía tan sólo 9 años cuando se dispuso a redactar este título.
4. “Washington Crossing The Delaware” (1936) – David Schulman
Schulman fue un prolífico escritor que contribuyó al mundo de la literatura con su habilidad para crear obras de arte a partir de las palabras. Su célebre poema de 14 líneas sobre Washington no fue la excepción, pues en cada una de sus rimas él incluyó un anagrama que cuenta la misma historia que el verso completo.
A hard, howling, tossing water scene.
Strong tide was washing hero clean.
“How cold!” Weather stings as in anger.
O Silent night shows war ace danger!
3. “Transcendence-Perfection” (1975) – Sri Chinmoy
Antes de su muerte en el 2007, Chinmoy escribió más de mil libros, 20 mil canciones y 115 mil poemas, pero eso no fue lo más impresionante de su carrera literaria. Lo que nadie comprende es cómo pudo redactar 843 poemas en 24 horas para terminar su obra, la cual no sólo fue compleja, sino la más rápida de la historia.
2. “The Diving Bell And The Butterfly” (1997) – Jean-Dominique Bauby
El editor de la revista “Elle” en su edición francesa sufrió de un accidente en el 95 que lo dejó en estado de coma. Cuando Bauby recuperó la consciencia su cuerpo entero quedó paralizado a excepción de su ojo izquierdo, pero eso no detuvo al escritor. Usando su mente lúcida y un sólo ojo, éll comenzó a trabajar en “The Diving Bell And The Butterly”. Durante las noches redactaba y editaba en su mente, esperando memorizar cada palabra para a la mañana siguiente verse con el editor, quien le deletreaba el abecedario completo cientos de veces para ir formando las palabras de su novela; misma que se convirtió en un bestseller en toda Europa.
1. “Gadsby” (1939) – Ernest Vincent Wright
En este caso, el mismo autor fue quien se propuso convertir a su libro en una de las obras más complejas de la historia. Wright decidió que la letra “E” jamás aparecería en su texto, por lo que tendría que hacer uso de un vocabulario excepcional para reemplazar cualquier palabra en la que apareciera esta vocal, por otra en la que no se utilizara.

domingo, 27 de noviembre de 2016

10 CONSEJOS DE JULIO CORTÁZAR PARA ESCRIBIR UN CUENTO


1 – No hay leyes para escribir un cuento, solo puntos de vista
“Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes… no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable”.
2 – El cuento siempre tiene una unidad de impresión de una historia
El cuento es …una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia”… “Mientras en el cine, como en la novela, la captación de esa realidad más amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de elementos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una síntesis que dé el “clímax” de la obra, en una fotografía o en un cuento de gran calidad se procede inversamente, es decir que el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos”.
3 – A diferencia de las novelas el cuento debe ser contundente
Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entienda esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario. Tomen ustedes cualquier gran cuento que prefieran, y analicen su primera página. Me sorprendería que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos”.
4 – En un cuento solo existen los buenos y malos tratamientos
…en literatura no hay temas buenos ni temas malos, solamente hay un buen o un mal tratamiento del tema”. “Tampoco es malo porque los personajes carecen de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka”… “Un mismo tema puede ser profundamente significativo para un escritor, y anodino para otro; un mismo tema despertará enormes resonancias en un lector, y dejará indiferente a otro. En suma, puede decirse que no hay temas absolutamente significativos o absolutamente insignificantes. Lo que hay es una alianza misteriosa y compleja entre cierto escritor y cierto tema en un momento dado, así como la misma alianza podrá darse luego entre ciertos cuentos y ciertos lectores”.
5 – En un buen cuento se deben de saber manejar tres aspectos: significación, intensidad y tensión
…el cuentista trabaja con un material que calificamos de significativo… El elemento significativo del cuento parecería residir principalmente en su tema, en el hecho de escoger un acaecimiento real o fingido que posea esa misteriosa propiedad de irradiar algo más allá de sí mismo… al punto que un vulgar episodio doméstico… se convierta en el resumen implacable de una cierta condición humana, o en el símbolo quemante de un orden social o histórico… los cuentos de Katherine Mansfield, de Chéjov, son significativos, algo estalla en ellos mientras los leemos y nos proponen una especie de ruptura de lo cotidiano que va mucho más allá de la anécdota reseñada”… “La idea de significación no puede tener sentido si no la relacionamos con las de intensidad y de tensión, que ya no se refieren solamente al tema sino al tratamiento literario de ese tema, a la técnica empleada para desarrollar el tema. Y es aquí donde, bruscamente, se produce el deslinde entre el buen y el mal cuentista”.
6 – El cuento es un mundo propio
Señala Horacio Quiroga en su decálogo: Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.
7 – El cuento debe tener vida
…cuando escribo un cuento busco instintivamente que sea de alguna manera ajeno a mí en tanto demiurgo, que eche a vivir con una vida independiente, y que el lector tenga o pueda tener la sensación de que en cierto modo está leyendo algo que ha nacido por sí mismo, en sí mismo y hasta de sí mismo, en todo caso con la mediación pero jamás la presencia manifiesta del demiurgo”.
8 – El narrador no debe dejar a los personajes al margen de la narración
Siempre me han irritado los relatos donde los personajes tienen que quedarse como al margen mientras el narrador explica por su cuenta (aunque esa cuenta sea la mera explicación y no suponga interferencia demiúrgica) detalles o pasos de una situación a otra”. “La narración en primera persona constituye la más fácil y quizá mejor solución del problema, porque narración y acción son ahí una y la misma cosa… en mis relatos en tercera persona, he procurado casi siempre no salirme de una narración strictu senso, sin esas tomas de distancia que equivalen a un juicio sobre lo que está pasando. Me parece una vanidad querer intervenir en un cuento con algo más que con el cuento en sí”.
9 – Lo fantástico de un cuento solo se logra con la alteración de lo normal
El génesis del cuento y del poema es sin embargo el mismo, nace de un repentino extrañamiento, de un desplazarse que altera el régimen “normal” de la conciencia”… “Sólo la alteración momentánea dentro de la regularidad delata lo fantástico, pero es necesario que lo excepcional pase a ser también la regla sin desplazar las estructuras ordinarias entre las cuales se ha insertado…  la peor literatura de este género es sin embargo la que opta por el procedimiento inverso, es decir el desplazamiento de lo temporal ordinario por una especie de “full-time” de lo fantástico, invadiendo la casi totalidad del escenario con gran despliegue de cotillón sobrenatural”.
10 – El oficio del escritor es imprescindible para escribir buenos cuentos
…para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con sus circunstancias de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse este secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión… tanto la intensidad de la acción como la tensión interna del relato son el producto de lo que antes llamé el oficio de escritor”.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Leer mucho no es sinónimo de leer bien

Cada uno lee lo que quiere y como quiere, eso está claro. Si disfrutas leyendo y te sientes a gusto, quizá este artículo no es para ti. Hoy buscamos a aquellos que leen en forma intermitente, no logran terminar los libros sin esfuerzo, se aburren con facilidad o buscan ampliar sus horizontes lectores y no saben cómo. Todos somos lectores a nuestra manera, pero hay algunas maneras de mejorar nuestra relación con los libros.

Guarda un lugar y un momento para leer.

Lo hemos recomendado muchas veces, pero es necesario insistir. Si logras crear una rutina lectora, cada vez te será más fácil leer, además de que todo el mundo a tu alrededor sabrá que hay un momento al día que es solo para ti. Aunque no sea más que media hora, eso es suficiente para coger cierta soltura. Busca un lugar donde te sientas cómodo y deja allí tus libros. Ese será tu rincón lector. Tu santuario.

Todos los libros son buenos.

No tienes que empezar a leer todos los Premios Nobel ni a seguir las recomendaciones de los críticos literarios -incluyéndonos a nosotros-, o lo que veas que esté de moda. Si llevas mucho tiempo sin leer o nunca has tenido tiempo, es mejor que empieces con libros con los que te sientas cómodo. Si son novelas de aventuras, perfecto, si son relatos románticos, también. Que nadie te diga nunca que lo que lees no merece la pena.

No tengas miedo a leer clásicos.

Os acabamos de decir que no hace falta arriesgar con libros complicados, pero hay que probar de vez en cuando. Del mismo modo que los libros menos valorados son válidos, no debemos dejar de lado a los grandes clásicos sólo por miedo, o a libros muy premiados por pensar que serán aburridos o demasiado liosos. A veces cuesta entrar en un buen libro, pero al final merece la pena.

Puedes dejar de leer.

Sí, pese a todo, lo más seguro es que en un momento dado te encuentres con un libro con el que no puedas. Hay gente que es incapaz de dejar un libro a medias y siguen con él, como si fuera un castigo, solo para poder comprobar por sí mismos lo malo que es. No es necesario, de verdad. Si un libro os amarga la vida, dejadlo y coged otro que os haga olvidar el mal trago.

El mejor libro es el siguiente.

Sí, es una de las mejores cosas de ser lector: por mucho que os guste un libro, tened la certeza que ahí fuera hay uno igual de bueno o incluso mejor. Un libro que os transporte, que os hable al corazón, que os haga repensar el mundo tal y como lo conocéis; una vez te vuelves adicto a la lectura no hay vuelta atrás.

Conviértete en un ejemplo.

En la vida hay numerosas actividades que son saludables. Leer es una de ellas. Si lees de manera habitual, si das valor a los libros, conseguirás influir en aquellos que te rodean. Si les cuentas que se puede empezar a cualquier edad y que van a pasar ratos geniales, es posible que también compartan tus lecturas. Y aunque sólo fuera un rato al día os aseguramos que ya sería todo un éxito.
¿Y vosotros? ¿Qué opináis? ¿Se puede mejorar como lector y de paso atraer a los demás a la lectura? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

sábado, 29 de octubre de 2016

LA BIBLIOTECA PERFECTA DE DAVID BOWIE

El hábito hace al monje, reza el refrán. Y los libros, al intelecto. Cuando quedan ya escasas páginas para finalizar la lectura de una obra, el lector opone cierta resistencia a seguir pasando las páginas y dilata la tarea. Si el libro está destinado a dejar impronta en quien lo recibe, el lector lo sabe y saborea ese tránsito entre ese final y el comienzo de una nueva lectura. Lo que el individuo lee se refleja en la persona y es por ello que el listado de los 100 libros favoritos de David Bowie , que murió hace pocos días, aportan aún más luces acerca del pensamiento y del mundo interior del polifacético artista.
Si bien Bowie incluye en el listado clásicos como la Ilíada, de Homero, o El infierno de Dante Alighieri; en su amplia mayoría su biblioteca perfecta se compone de obras modernas, publicadas a partir del siglo XX. Entre otros hitos literarios, el músico reconoce la influencia de El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald; El gatopardo, de Lampedusa; El extranjero, de Albert Camus; 1984, de George Orwell, y Lolita, pieza cumbre del escritor ruso Vladimir Nabokov. Sus años en Berlín dejaron algunos títulos ambientados en la capital germana, como Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin (1929) e Historias de Berlín, de Christopher Isherwood. Sólo Madame Bovary, de Gustave Flaubert, y El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence, son rescatados de entre las grandes novelas decimonónicas; ambas comparten un profundo retrato psicológico de sus protagonistas con una punzante críticas a la moral burguesa.
Entre la literatura norteamericana, su patria adoptiva en el último período de su vida, no faltan A sangre fría, de Truman Capote; En el camino, de Jack Kerouac, pionero de la generación beat; Paralelo 42, de John Dos Passos; Última salida para Brooklyn, de Hubert Selby Jr; Ruido blanco, de Don De Lillo; La conjura de los necios, de John Kennedy Toole; Herzog, de Saul Bellow, Vida metropolitana, de Fran Lebowitz
Sobre psicología, el listado incluye obras como The Divided Self, de R.D. Laing, y , de forma más indirecta, otras como Strange People, de Frank Edwards, y The Outsider, de Colin Wilson, que habla de distintas personalidades que se desmarcaron o destacaron en las sociedades de sus tiempos.
En materia musical, Bowie recomendaba la biografía de Little Richard, de Charles White, y Silencio, de John Cage.
En el apartado poético, no falta una selección de poemas de Frank O’Hara, Los cantos de Maldoror, de Conde de Lautréamont, ni otras piezas canónicas como La tierra baldía, de T.S. Elliot.
Bowie también dedicó horas de lectura a obras sobre las artes plásticas, otra de sus pasiones. En este ámbito, figuran el Diccionario de temas y símbolos artísticos, de James Hall; una recopilación de la revista satírica Private Eye; y los cómics de Beano yRaw.
El camaléonico artista también se dejó atrapar por publicaciones sobre historia. Entre otros textos, leyó La tragedia de un pueblo: la Revolución Rusa 1891-1924, de Orlando Figes; Todos los caballos del emperador, de David Kidd, y La otra historia de Estados Unidos, de Howard Zinn.
Fuente: lanacion.com.ar